Mi tesoro griego
Llegué al lugar, como siempre con mi cabeza erguida como quién sabe perfectamente a lo que se enfrentará. De pronto se abre la puerta y una luz encandila mis ojos. Rizos rubios y ojos de esmeralda me dejaron completamente alumbrada con tanto esplendor. Tuve que cerrar con fuerza mis ojos y batuquear varias veces mi cabeza a ver si despertaba de lo que un sueño parecía haberse colado con su presencia. Sentí que el destino ponía ante mí una burla más. ¿Cómo podría ser yo merecedora de tan grata aparición? Ella tenía la mezcla de aquella ilusión rota que años atrás revolucionaría mi alma, pero con un toque juvenil de belleza griega que más adelante se convertiría en una amazona que difícilmente de mi mente apartaría...