Metamorfosis
Iba vestida con vaqueros y camiseta blanca. Me tomó de la mano y me invitó a pasar a su casa. Se alejaba y con ella mi mirada a su espalda. Su pelo rubio liso se movía de un lado a otro mientras veía su cuerpo perfecto andando a pasos lentos y cortos. Regresó con unas cerezas en las manos y con la guitarra colgada en su espalda. Encendió el fuego de aquella sala. Nos sentamos sobre la alfombra, sacó la guitarra y sin más respiro empezó a tocarla. Mis ojos no dejaban de mirarla con halago y embrujo. Mi cuerpo rendido se fue convirtiendo en madera y mi pelo en cuerdas mientras sus sutiles dedos iban tocando cada nota con desespero.