La puerta azul
Mirar tus manos a distancia al pasar los días se convirtió en mi obsesión.
Sentarme a centímetros de ti te fue convirtiendo en imán de mi corazón de hierro. De confesionario de madera pasaste a ser el agua bendita que algún día absolverá el pecado de pensarte. Anclada estoy en esta resistencia de no posarme cerca, pues el desorden de mis latidos causarían el descontrol desmedido de llevarte a la puerta. A esa que es azul y que sueño con cerrarla contigo entre mis piernas para amarte y al fin tocarte hasta que el sol aparezca.