El despertar
Se levantó y dijo–: esta es mi gente y se quedarán conmigo. Mientras lo decía me agarró por la cintura haciéndome saber que era suya. Sentí que por fin había entendido mis señales. La señal de que nos pertenecemos desde otras vidas. Llegué a perder la fe pensando que solo era mi imaginación que volaba sola queriendo que esa mujer fuera para mí. Estar cerca de ella hizo que su alma se conectara con la mía. Su muralla de negación había cesado. El amor había despertado.
Al terminar la reunión salieron todos de la sala y nos quedamos solas. La miré a los ojos y sonreí. Apartó el pelo de mi cara y con su mano me acarició y me besó. Era de noche. Nos fuimos a una colina para estar juntas sin que nadie nos interrumpiera. Teníamos tanto de qué hablar. Se acabaron las miradas esquivas. Se esfumó el aire que sobraba entre su boca y la mía. Ya no más ansias de tener su mano cerca sin poder tocarla.