Mujer asesina

Crees que yendo a prisa estarás desapercibida entre los pinos boscosos. Crees que el viento en tu cara borrará lo que por años te has encargado de esconder. Correr con tu traje negro vestida de mujer segura, de batallas superadas y atragantada de experiencias no hará que desaparezca lo imperdible. Corre sí; corre fuerte, que mientras más de prisa lo hagas los latidos de corazón se aceleran. Son esas pulsaciones las que te harán recordar que existes, que vives, que respiras. Que tu atuendo oscuro no significa nada más que una simple tela que cubre tu cuerpo. O tal vez si tiene significado, sin embargo, no es otro más que el duelo eterno que vives por dentro de cada lágrima que provocaste a tus víctimas. Mujer asesina, mujer de culpas que desbordan tu ser. Para ya, deja de correr. Respira hondo, siente el aire. Respira fuerte y no te calles. Suelta las manos y relaja tus hombros. Que la armadura silente caiga al suelo y camina. No te calles. Camina y llora que ahora mismo nadie nos ve. Asesina te llaman por corazones tener a tus pies. Te aprovechas de quien te es fiel y destrozas como si tu alma no la cubre ni la piel. Así te ven y se que sufres por no dar razones de lo que te pesa en tu haber. Cansada vas por el camino mirando al cielo para ver si hay consuelo alguno que te abrace y entienda todos tus porqués.